1987. Fue uno de nuestros primeros encuentros, y cuando ella se desnudó frente a él, se quedó inmóvil, mirando con incredulidad el cuerpo puro de aquella joven que se ofrecía a él. Tímidamente le preguntó qué quería hacer, y ella respondió con voz segura: «¡Lo que quieras, hoy soy tuya!». Él extendió la mano y comenzó a tocarla, y yo permanecí allí, observando cómo mi amor se entregaba a él.